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Salarrué: Escritor y pintor salvadoreño

Salvador Salazar Arrué, mejor conocido como Salarrué, fue un escritor salvadoreño cuyas obras han tenido impacto en la cultura de El Salvador. Es reconocido internacionalmente por sus historias y su particular manera para narrarlas.

Además, el escritor salvadoreño también se desempeñó en el mundo de la pintura, con un marcado estilo, impulsado por uno de sus familiares, lo cual lo llevó a involucrarse en ese y demás ámbitos culturales en el país.

Biografía de Salarrué: Su infancia

Originario del cantón el Mojón en Sonzacate, Salarrué creció rodeado por la naturaleza tropical de Sonsonate. Fotografía cortesía.

Nacido en Sonzacate, municipio de Sonsonate, el 22 de octubre de 1899. Luis Salvador Efraín Salazar Arrué, pasó sus primeros años viviendo en el cantón El Mojón, en una finca familiar. Durante los primeros años, los Arrué tuvieron algunos problemas económicos, pero recibían apoyo de sus familiares.

La infancia de Salarrué transcurrió en la naturaleza de Sonsonate. Durante esta etapa, se le consideró como un niño tímido, pero con mucha creatividad para inventar historias. 

Su educación primaria la recibió en el Liceo Salvadoreño, mientras que la secundaria en el Instituto Nacional de Varones, y posteriormente en la Academia de Comercio, en donde obtuvo buenas calificaciones a pesar de no culminar sus estudios en dicha institución.

Partida de nacimiento de Salvador Salazar Arrué en la alcaldía Municipal de Sonsonate. Fotografía cortesía.

Los inicios del Salarrué artista

Su primo, Toño Salazar, con quien estudiaría dibujo y pintura, además de compartir sus inicios en el arte. Fotografía cortesía.

El interés por la pintura surgió en Luis Salvador. Tanto así, que, junto a su primo Toño, se inscribió en la escuela de Spiro Rossolimo de San Salvador. Rossolimo, de origen greco-ruso, fue el encargado de enseñar pintura y dibujo a los Arrué.

A pesar de su interés por la pintura, Luis Salvador no pudo continuar sus estudios, pero gracias a la influencia política de su familiar César Virgilio Miranda, logró una beca del presidente Carlos Meléndez para estudiar en Estados Unidos, en 1916.

El realismo mágico es característico en las pinturas de Salarrué. Fotografía cortesía.

Su formación continuó en la escuela jesuita Rock Hill College, cerca de Baltimore, pero el ambiente religioso no fue de su agrado Posteriormente, ingresó a una escuela de Danville, Virginia, en donde mejoró su aprendizaje del inglés.

Para 1917, ingresó en la Corcoran School of Arts, en Washington en donde recibió una educación formal, aunque alejada de las tendencias del arte moderno.

En el parque Cuscatlán de San Salvador, está ubicada una sala de exposiciones que lleva el seudónimo del artista, donde pueden encontrarse algunas de sus pinturas. Fotografía cortesía de: Olivia Isabel Flores.

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Los inicios de un nuevo escritor salvadoreño

Contraportada del libro que inspiró a Salarrué en su carrera como literato. Fotografía cortesía.

Cuando Salarrué se encontraba en Estados Unidos, visitó Nueva York. Fue en esta ciudad donde en la librería Brentano, conoció la obra “El Libro del Trópico” de Arturo Ambrogi. La obra causó tanto impacto, que años después afirmaría que memorizó el índice del libro.

Luego de este evento, Salarrué decide retornar a El Salvador en 1919, y se propuso a vivir de la pintura, sin embargo, se enfrentó a la inexistencia de un mercado artístico, por lo que regaló muchos de sus cuadros.

Durante 1920, El Salvador vivía un auge en el periodismo, y Luis Salvador comenzó a colaborar con ilustraciones y artículos en distintos periódicos. Estos le permitían ganarse el sustento, y firmaba con el seudónimo “Salarrué”.

Audiolibro completo “Cuentos de Barro”, de Salarrué. Vídeo cortesía de: Ex Libreria.

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La vida artística de Salarrué

“Cuentos de Cipotes de Salarrué #1 – Cocolina y Firulina”. Vídeo cortesía de: Cipotes Channel.

En 1926, Salarrué publicó su primer libro titulado El Cristo Negro. También realizó una exposición pictórica en la Sociedad de Empleados de Comercio de San Salvador. El siguiente año, recibiría el premio regional de narrativa por parte del diario El Salvadoreño con su obra El Señor de la Burbuja.

En 1928, dio vida al personaje de Petronio en la obra de teatro Quo Vadis?, y estrenó el drama La Cadena. 

Para 1929, Salarrué se desempeñaba como profesor de mitología y arte decorativo indígena en la Escuela Nacional de Bellas Artes, mientras continuaba escribiendo en periódicos nacionales y centroamericanos.

Entre los periódicos que vieron pasar su pluma, se encontraban: Para todos, El amigo del pueblo, El Salvadoreño, Queremos, y Patria, dirigido por Alberto Masferrer.

Salarrué junto a la escritora Gabriela Mistral en los años 30. La chilena tuvo parte importante en la publicación de su obra “Cuentos de Barro”. Fotografía cortesía.

En 1931, la escritora chilena Gabriela Mistral, en una visita a El Salvador, conoce la obra de Salarrué, específicamente una de sus obras más populares. En 1934, esta obra, titulada Cuentos de barro, se publicaría con ilustraciones de José Mejía Vides. 

Salarrué también tenía otros relatos que había comenzado a publicar desde 1928 en la Revista Excelsior, y también en Patria y en otros periódicos. 

Sin embargo, no fue hasta 1961 que la Editorial Universitaria, a cargo de Ítalo López Vallecillos, realizó la edición de Cuentos de Cipotes, su obra dedicada a la niñez salvadoreña con las ilustraciones de Zélie Larde.

“Cuentos de Cipotes de Salarrué #2 – Mechedita”. Vídeo cortesía de: Cipotes Channel.

Lea también la historia de Alberto Masferrer.

Últimos años del escritor salvadoreño

Fotografía de Salarrué en su casa, en Los Planes de Renderos. Imagen cortesía.

En 1969, Salarrué trabajó como director general de Bellas Artes del Ministerio de Educación, pero renunció debido a la falta de apoyo. Luego de su retiro, residió en la Villa Monserrat en los Planes de Renderos.

A su residencia llegaban homenajes y reconocimientos, que el artista recibía con cierta incomodidad. Sin embargo, quienes lo visitaban en su residencia lo describen como alguien “sencillo, bondadoso y modesto”.

El artista salvadoreño falleció a los 76 años en el lecho de su hogar en los Planes de Renderos. Fotografía cortesía.

En 1974, fallecieron su esposa Zélie y su amiga Claudia Lars. Según el pintor Ricardo Aguilar, amigo de Salarrué, para costear el tratamiento de su esposa, tuvieron que pagarle al médico con cuadros.

El 27 de noviembre de 1975, Salvador Salazar Arrué, falleció en su hogar. 

“Si a mí la vida me ha puesto esto es porque lo merezco y lo tengo que vivir y lo quiero vivir”, eran las palabras con las que Salarrué aceptaba los últimos meses de su vida.

Reportaje “Un viaje al mundo de Salarrué”. Vídeo cortesía de: AudiovisualesUCA.

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Salarrué y su legado

Un homenaje al artista, un busto situado en el Teatro Presidente de San Salvador. Fotografía cortesía.

Muchos artistas consideran a Salarrué más un artista plástico que un escritor. Camilo Minero, pintor y muralista, consideraba a Salarrué como “El más revolucionario del color”.

Para la crítica de arte, Astrid de Bahamon, “Salarrué podría ser el primer artista latinoamericano cuya abstracción no es influenciada por las corrientes europeas”.

Salarrué, en sus primeros años obtuvo varios reconocimientos, entre los cuales destacan:

Por otra parte, todo el legado del artista fue ingresado al Registro Memoria del Mundo de El Salvador, y el Museo de la Palabra y la Imagen se encargó de resguardar el archivo personal y artístico de Salarrué desde el año 2005.

Documental sobre la vida y obra de Salarrué. Vídeo cortesía de: Ñamfistrofio.

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