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Padre Vito Guarato, una historia de amor y entrega

El hogar Padre Vito Guarato, nombre de quien fuese un fraile entregado por los más desfavorecidos, necesita de su ayuda. Guanacos.com indagó sobre las necesidades, pero también sobre la apasionante historia del sacerdote italiano, un personaje de altísimos quilates para nuestro convulso y pequeño país.

De la mano de el Ing. Ernesto Cuestas Graniello, director ejecutivo, y de Flor De León, encargada de comunicaciones del Hogar Padre Vito Guarato, Guanacos.com ofrece una breve reseña de la inmensa persona quien fue el Padre Vito en vida, y quien seguramente intercede por sus chicos del hogar que fundó hace más de tres décadas.

Conoce la historia de vida del padre Vito, y también cuáles son esas necesidades de su hogar, que pese a la pandemia se mantiene de pie, pero que urge de ayuda hoy más que nunca. La obra se ha enfrentado el reto más grande de su vida con esta pandemia.

Muy cerca de Austria

El Padre Vito Guarato fue un fraile franciscano quien nació en un pueblito llamado Sossano en Vicenza, al norte de Italia, el 02 de julio de 1922. Entre los 13 y 14 años Vito ingresó al seminario y se ordenó en 1950. Él fue destacado en la región de Calabria, una de las más pobres de Italia, con mucho atraso en el desarrollo del país en comparación al resto de Italia debido a un precario y lento progreso feudal.

Padre Vito Guarato, una historia de amor y entrega
Así luce desde el aire el Hoga Padre Vito Guarato, un sitio único en el país para ayudar a los más desfavorecidos y abandonados. Foto: Cortesía Flor De León

El chispazo

Cuando Italia se vuelve una república todos los latifundios decidieron hacer una reforma agraria y se decidió que esta tarea sería a cargo de la Iglesia Católica, para que luego esta entregara las tierras a los campesinos. Eso le dio la oportunidad al Padre Vito de construir un pequeño pueblito en medio de pantanos, uno llamado: Corazzo.

“Soy como un tractor, abro caminos, otros que vienen detrás de mí construirán las carreteras”, decía Guarato, quien era una persona que no se daba por vencido. Él tenía una moto vespa apodado “Gallito”, él ponía en la parte de atrás una maleta y dos alforjas, donde llevaba toda la vestimenta y objetos para celebrar la Santa Misa y su respectiva liturgia.

Llegaba a una zona de Corazzo donde no había nada, en un predio baldío. Entonces él solo pedía dos columnas de piedra, ponía su maleta para formar un altar y celebraba la Liturgía Eucarística. Luego pedía ayuda a los niños para que hicieran sonidos de campana, esos onomatopéyicos “tin, tilín, tilín” para la hora de la consagración y la comunión. Así, se dimensiona un poco la pobreza de aquella zona que tanto conmovió y movió al padre.

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Convicción total

El padre Vito estaba convencido de que ese pueblo se construyera para dar mejores condiciones a sus habitantes. Luego tiene una enfermedad en los pulmones que si más se muere tiene que abandonarlo. Cuando se recupera, unos frailes pidieron ayuda allá en Roma para sacerdotes misioneros quienes quisieran servir en América Central.

Él ya estaba algo grande, pero tenía un gran espíritu aventurero, a diferencia de quienes tenían su edad. ‘Solo les pido que no me manden a un sitio caliente y húmedo’, así que los franciscanos lo enviaron a Antigua Guatemala a mediados de 1969, en lo que prepararon un lugar ideal para trasladarlo para El Salvador.

Padre Vito Guarato, una historia de amor y entrega
La educación es fundamental en el programa que tiene el hogar. Mucha paciencia y mucho amor son requeridos para llevar adelante a los reyes del hogar. Foto: Cortesía Flor De León

El Salvador, su nueva casa

El 1 de enero de 1970 se trasladó a La Palma, Chalatenango. Pero en Guatemala el Padre Vito conoció la obra del hermano Pedro de Betancur, un hermano franciscano español, quien se dedicaba a hacer exclusivamente a las obras de misericordia para atender a los más necesitados; Betancur creó hospitales para los enfermos convalecientes. Vito quiso imitar la obra del hermano Pedro y soñó con hacer las siete obras de misericordia corporales que se muestran en el Santo Evangelio.

Días difíciles

Cuando Guarato llega a la Palma empezaron a sonar los tambores de guerra, ya habían sido creadas las primeras organizaciones revolucionarias. En La Palma, por ser un lugar tranquilo y fresco, el Padre Vito encontró una comuna de hippies, ahí habían varios ex estudiantes del Externado San José, y uno de ellos era Fernando Llort, músico de La Banda del Sol. Comenzaron a pintar y se hicieron amigos del Padre Vito, quien los rescató del mal camino llevándolos a la Renovación Carismática.

El Padre Vito les hablaba de la creación, y la obra de Llort siempre fue muy influenciada por el pensamiento franciscano, él pintaba mucho sobre la tierra y sus criaturas. Años después estalló la Guerra Civil y se daban enfrentamientos en La Palma. Cuando hubo estos choques armados, la gente del ejército recogía a sus víctimas, pero de la guerilla nadie lo hacía; sin embargo, el Padre Vito los recogía porque buscaba darles cristiana sepultura, pero eso llevó a la gente a creer que el sacerdote estaba del lado de los guerrilleros.

Un día llegaron a buscar al Padre Vito, del escuadrón; el oficial le dijo que había aprendido sobre el temor a Dios ya que había sido seminarista. “Le entrego una lista con los que tenemos que eliminar, y usted es el primero. Escóndase por favor y salve a quienes pueda”, le indicó. Algunos no le creyeron, y otros sí, pero no todos pudieron irse y varios fallecieron.

Una historia de amor y entrega
El hogar cuenta también con terapias para mejorar la condición de vida de los niños alojados. Foto: Cortesía Flor De León

Un hasta luego

El padre Vito había creado una cooperativa de costureras, así que viajaba seguido a San Salvador para comprar insumos. Justo el día que lo iban a matar, él fue un día antes a comprar, pero le dijeron que no regresara a La Palma porque simularían un enfrentamiento donde se diría que él había muerto. Luego lo enviaron a Costa Rica y después a Nueva York, donde trabajó en una parroquia ubicada en el Bronx para atender a los parroquianos italianos y españoles.

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Bienvenido a casa

Cuando Vito volvió a El Salvador ya no regresó a La Palma, sino a la Parroquia San Antonio de Padua en la Colonia América. En 1986 le llevaron niños quienes habían quedado huérfanos del terremoto. Él empezó a buscar y conoció a muchos niños de orfanatorios del Estado, y se enteró que muchos tenían discapacidad, y no tenían la atención idónea. Él sintió que Dios le dijo que hiciera una obra para ayudar y proteger de por vida a quienes habían sufrido discapacidad y abandono.

Así nació la iniciativa

“Quiero hacer un hogar con cuidados especializados”, pensó. Así que se acercó a los franciscanos, pero ellos le dijeron que estaba loco porque él ya tenía 65 años, no tenía un cinco en su bolsa, y tampoco la formación para dar atención adecuada. Pero el Padre Vito les decía: “Dios lo quiere, esto no es una obra de hombres”, y con esa terquedad convenció a los frailes quienes votaron de forma ajustada para que hiciera la obra; así le trajeron gente de Guatemala para que pueda hacerse bien la obra que quería. Pero le indicaron también que tenía que dejar una fundación para que cuando él faltara la obra pudiese seguir y no se terminara con su fallecimiento.

El Padre Vito Alquiló una casa en Los Planes de Renderos sin tener un cinco para pagarla. Alguien se le acercó y le dijo si tenía la casa, él le dijo que sí, pero que no podía pagarla. Una persona que hasta hoy en día no se conoce, le pagó el alquiler de la casa en todo el tiempo en el que el hogar funcionó allí, en la Casa de Nuestra Señora de Fátima. Él sacó varios niños del ISNA, se llevó a la directora del ente, e inauguró con 18 menores de edad el hogar con un grupo de salvadoreños altruistas un 30 de mayo de 1987.

La obra empezó a crecer y mucha gente acomodada le empezó a ayudar porque creían en él. Así empezó a recibir mucha ayuda y de calidad, creció el número y llegaron a 33 niños, ya muy apretados en la casa. Entonces los franciscanos al Padre Vito le donaron un barranco, justo donde hoy en día se erige el hogar. No se sabe cómo hizo el Padre Vito, pero arrancó con el hogar en el nuevo e irregular terreno y la obra siguió creciendo.

Una historia de amor y entrega
Los niños se crecen y continúan recibiendo todo el amor y cuidos requeridos hasta una adopción o la muerte natural. Foto: Cortesía Flor De León

Ocaso del Padre Vito

En el 2000 el Padre Vito Guarato celebró 50 años de sacerdocio, volvió a Italia. Él soñaba con conocer al Papa San Juan Pablo II, y le concedieron una audiencia. Él le regaló el misal ensangrentado del Padre Cosme Spessoto, asesinado en El Salvador. En esos días el Padre Vito tuvo una caída, se rompió el fémur y su salud decayó muchísimo pese a ser intervenido quirúrgicamente. Su última voluntad es que él quería ser enterrado en la capilla del hogar, y así fue. Han pasado 20 años y poco más.

Actualidad

La obra sigue viva y ha crecido. En casi 34 años por el hogar han pasado más de 200 niños. El sitio en este momento pasa por la coyuntura más difícil. Está en riesgo de desaparecer y necesita de ayuda urgente. Cuenta con una familia de 117 personas, entre niños, adultos y adolescentes. Cuando fallecen se les da la cristiana sepultura ahí en el terreno del hogar. “La misión termina con cada uno hasta que les devolvemos al cielo de estos niños sin ninguna esperanza, y quienes a pesar de tener hasta un retraso mental agudo, tienen la conciencia de haber sido abandonados”, manifiesta Cuestas.

El Padre Vito murió a los 78 años de edad, en Italia, en el año 2000, pero está enterrado en la Capilla del Hogar, un espacio donde su enorme legado de amor y caridad se refleja en la mejor atención donde a los niños se les ama y sirve incondicionalmente.

Una historia de amor y entrega

¿Cómo ayudar?

“Las donaciones para el hogar pueden ser artículos de limpieza y víveres, sino también en efectivo o por medios electrónicos. El hogar tiene un programa de atención idóneo para que tengan una calidad de vida como necesitan.  Libres de todo riesgo. Desde el primer momento que ingresan al hogar los niños tienen una segunda oportunidad de vida”, abonó Flor De León, de comunicaciones del hogar.

Editor Guanacos

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