El punto y final de esta historia llena de emociones positivas llegó un 18 de enero de 2,016. La principal causa de su cierre se le atribuye a la crisis económica que atravesó el país en aquel entonces, según sus administradores.
Las instalaciones coloridas, el sonido de las maquinitas, las risas de los niños y la comida deliciosa eran la combinación perfecta para escapar de la realidad o de la rutina del día a día.
Ahora este parque de diversiones, un lugar de fantasía y felicidad, solo vive en la memoria de los salvadoreños que recuerdan con nostalgia el mundo feliz que los hizo vivir.