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Chicharras y otras añoranzas de Semana Santa

Por Zipy Tiyo

Las chicharras, así como las torrejas, las coloridas alfombras y las excursiones a las playas son algunas de las cosas que extrañamos de la Semana Santa los salvadoreños que nacimos en los sesentas y setentas, cuando la mayoría aún vivía con alto fervor las tradiciones católicas.

Entre la modernidad, los cambios en nuestra sociedad y el declive de las tradiciones propias del catolicismo, estas costumbres que recordamos de la infancia se han ido perdiendo. Pese a los cambios, los cantos de las chicharras y el pescado seco de las abuelas serán siempre bellos recuerdos.

Quienes tuvieron la dicha de elaborar una alfombra con aserrín, arena o sal, con un grupo de amigos de juventud atesoran los mejores recuerdos posibles. Quienes madrugaron un viernes santo a teñir sal bajo el canto de las chicharras tienen preciosas historias que contar a sus nietos.

Chicharras y Alfombras

Los que vivimos esas épocas escuchamos muchas creencias sobre las chicharras. La verdad es que los tres puntos que nos dijeron que eran los clavos con que clavaron a Jesucristo en la cruz, en realidad son los tres ojos (ocelos) de las chicharras, también conocidas como cigarras o cicadas.

Las chicharras pertenecen a la especie Cicadidae, de la misma familia que las chinches, pulgones y algunos tipos de mariposas (hemípteros). La película “Bichos” (A Bug’s Life) hizo famosa a una cigarra. En plena pandemia, colonias de cigarras hicieron una reaparición en EEUU.

Del canal de Jaime Paz. Chicharras en Parque Bicentenario, San Salvador

Quienes guardamos recuerdos sobre el “canto” de las chicharras no imaginamos el fenómeno que encierra ese mal llamado “canto”. Ese sonido es único en la naturaleza, es parte del cortejo reproductivo de la especie y no se emite desde las cuerdas vocales, sino de un par de timbales o cajas de resonancia en la parte media del cuerpo del insecto.

Ese sonido, que es uno de los más agudos del reino animal, lo emiten solamente los machos y puede ser escuchado por las hembras hasta una distancia de dos kilómetros.

Cuando una hembra pone huevos, en primera instancia se convierten en ninfas que caen al suelo y se entierran. Pueden tardar entre 2 y 17 años en salir de la tierra, nacer y terminar su metamorfosis hasta convertirse en el insecto que conocemos, sobretodo quienes crecimos en las zonas más cálidas del interior del país (clima preferido por las chicharras).

La herencia del añil

Sólo quienes alguna vez participamos en la elaboración de una alfombra para Semana Santa sabemos que lleva mucho trabajo. Implica debatir y encontrar la imagen o concepto a reproducir, tomar medidas, conseguir madera para el marco, hacer una plantilla, planificar los colores, conseguir aserrín, sal y en algunos casos flores, arena o otros materiales decorativos.

Un componente clave en el diseño de la alfombra era conseguir un colorante para teñir la sal. Lo que procedía era acercarnos a una farmacia, ferretería o librería para comprar “añilina”. La palabra correcta es anilina, que es un derivado de polvo de añil. El mismo que usamos alguna vez para teñir alguna camiseta, también conocido como índigo natural.

Foto del Ministerio de Cultura

El añil, para quienes no saben, es una planta ancestral (indigofera) también conocida como jiquilite que produce el colorante natural más popular en el mundo. Entre 1800 y 1860 fue el principal producto de exportación de El Salvador. Aún hoy día, los colorantes que vienen de la planta de añil (como la anilina de nuestra infancia) tienen mucha demanda en Europa.

Torrejas de Semana Santa

El resto de añoranzas de Semana Santa tienen que ver con la gastronomía. Por supuesto, pasar el sábado de gloria y domingo de resurrección en el mar implicaba comernos un cocktail de conchas, una mojarra frita, un ceviche de pescado o una sopa de masas de tortilla. Muchos recuerdos de infancia en Semana Santa tienen que ver con las playas salvadoreñas.

Una de las muchas presentaciones de las torrejas salvadoreñas de Semana Santa

Las torrejas, sin duda, son el platillo más característico de la Semana Santa. Aún hoy en día, todavía muchos restaurante o panaderías ofrecen las torrejas hechas (o el pan para torrejas) en los días previos a la Semana Santa. Pero muchos también recordamos los jocotes en miel, las hojuelas, el atol de piñuelas y las empiñadas.

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Zipy Tiyo también ha escrito sobre las frases de las madres salvadoreñas y sobre las canciones que nunca faltan en una fiesta salvadoreña

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Foncho Portillo

Foncho Portillo

Guanaco observador y disque analista de nuestra idiosincracia

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